sábado, 9 de enero de 2010

COSECHANDO LO SEMBRADO

El comportamiento y los hechos que protagonizan los jóvenes en la actualidad en gran medida son el producto de las libertades, conductas, enseñanzas o valores que nosotros -como padres y a la vez como miembros de la sociedad- les inculcamos o les permitimos a ellos cuando eran niños.

Esto, de cierta manera, nos hace responsables y nos debe obligar a buscar las medidas preventivas que ayuden a que ésta juventud no caiga en el error nuestro, en cuanto a la crianza de sus hijos. Si somos objetivos, no podemos decir que la educación y los valores morales o éticos que se le brindó a nuestra generación fueron mejor que los que se le brinda a la actual.

Ese argumento lo ha esgrimido quienes pertenecen a la generación anterior a la nuestra y lo manejará la generación actual sobre la próxima, y así sucesivamente una tras otra hasta el infinito. Por lo tanto, esto no nos debe detener para determinar que es lo que nosotros hicimos mal y aceptar que sí hemos contribuido, para que quienes nos sustituyen generacionalmente, reflejen su mala formación de cuando niños.

Por generaciones les compramos a nuestras hijas muñecas o enseres de cocina en miniatura y a nuestros hijos pistolas, cuchillos o rifles u otras armas. Estos “juguetes” se los regalamos para su entretenimiento, porque están de moda y para que le sirvan al niño en su distracción. Como padres disfrutamos cuando ellos juegan y hasta resaltamos las conductas y las cualidades maternales que demuestran las niñas, y la destreza como la valentía de los niños en el uso de las armas (juguetes en ese momento). Pero, no asimilamos que estamos forjando comportamientos que a corto plazo se pueden convertir en conductas permanentes que después airadamente reclamamos; a las niñas cuando prematuramente se convierten en madres y las vemos con tiernos y no muñecas en sus brazos o cuando nos molestamos porque terminaron en las cocinas por no haberse preparado. Y a los niños cuando se meten en problemas porque andan armados con pistolas reales y no de juguete.

Hoy en día les compramos los modernos juegos electrónicos, mismos que incitan al choque y disputa por las carreteras y al combate en peleas a puño y patada o con armas por dominar espacios territoriales. Estos no discriminan la participación de niñas o niños y forman conductas en las cuales la juventud cree que los espacios y el respeto de la sociedad o de los demás se alcanzan solo demostrando superioridad en las peleas o competencias.

Si sembramos tomates, cosecharemos tomates, por lo tanto aceptemos que el comportamiento de nuestros jóvenes lo pincelamos comercializando juguetes nocivos, teniendo una corta visión sobre que debemos comprarles a nuestros hijos y por no forjar en ellos respeto y temor a Dios y a las Autoridades. ■

No hay comentarios:

Publicar un comentario