lunes, 11 de octubre de 2010

PUBLICIDAD MUNICIPAL

Si aceptamos que tributar es una obligación, también aceptamos que la publicidad es necesaria para conocer cuando y en que se invierten nuestros impuestos. Cada mes o trimestre debemos ser informados sobre las obras que se ejecutan, sus costos, los lugares, los beneficiarios y los sectores sociales favorecidos. Pero la publicidad casi siempre se paga y en nuestros días es más costosa que antes porque se recurre a contratar espacios en los medios televisivos o en los escritos y no como antes, y como en los pueblos, con los famosos “bandos”, cuando empleados municipales, a pie y a viva voz, en cada esquina sonaban un tambor para llamar la atención de los ciudadanos -quienes se asomaban a las puertas o ventas- y daban lectura a las disposiciones u ordenanzas municipales.

La idea no es hacer comparaciones -desechar lo moderno y dar la impresión de vivir en el pasado- sino reflexionar sobre tres aspectos: el propósito de la publicidad, lo efectivo que puede ser el medio utilizado, y las asignaciones que para ella se destinan. Para empezar, lo que se espera en la publicidad, es observar o leer sobre las obras y no las imágenes de personajes a quienes se les magnifican sus cualidades y su desempeño. Condiciones que deben tener y cumplir porque por eso fueron electos y para eso se les paga, y lo menos que se espera es que cumplan su trabajo con responsabilidad, seriedad, honradez y disciplina.

En cuanto a los medios utilizados para la publicidad –televisión y periódicos- se sabe que por ellos no siempre se llega a quienes se debe de llegar, porque no todos los hogares tienen televisor o dinero para comprar a diario un diario y si hay un segmento de los ciudadanos que tienen televisor, muchos de ellos prefieren sintonizar canales extranjeros por la moda de la televisión por Cable. Sobre las asignaciones, debemos pensar que si bien es necesario publicar lo que se hace, se debe regular el uso de los recursos a invertir, y no asignar partidas muy altas o exageradas para pagar publicidad. No tiene sentido de ahorro el contratar espacios, programas u horarios con cobertura nacional si lo que se debe publicar solo es de carácter local -que le puede interesar lo que se hace en un pueblo a alguien que no vive en el- y no tiene transparencia, el financiar o patrocinar eventos o actividades de empresas privadas o particulares con fondos municipales.

Finalmente, no es necesario hacer publicidad todos los días y a cada rato, ni correcto que el contenido no sea el esperado y que el personaje sea el mismo. Quisiéramos ver las otras caras –Regidores y Jefes de Departamentos- que igualmente están cumpliendo con la misión de servir en sus cargos públicos y que solo se les muestra cuando algo sale mal. Las decisiones son corporativas y los meritos no son de una sola persona. ■

OTRO CICLO DE INVERSIONES

Llegaron las lluvias y con ellas los cerros y campos ha enverdecido, los cultivos anuales se iniciaron, los permanentes muestran ya su recuperación y con ello, los agricultores y ganaderos ven nuevamente la llegada de otra temporada que les permite dedicarse a las actividades que más saben hacer, y aunque estas son y serán inversiones riesgosas confían en que la fortuna les puede sonreír.

Esto marca el inicio de otro ciclo agropecuario en el cual los productores del campo cifran su futuro en los buenos resultados y en las posibilidades de obtener créditos de la banca nacional o la banca privada, y a la vez se inicia otro ciclo de inversiones en el país que crea la esperanza por suplir los productos alimenticios de la población y la obtención de ingresos que mejoren la economía nacional. Ante esta situación el Gobierno debe prepararse para iniciar un efectivo ciclo de orientación técnico-política para que el manejo de los fondos nacionales –principalmente- y los privados se orienten, se destinen y se manejen de forma correcta y transparente desde este momento y hasta ya concluido el ciclo de cultivo actual.

Para el mismo, desde ya se deben tomar las providencias del caso para poder asesorar y asistir a los productores (principalmente a los que trabajaran con préstamos) en la planificación de sus actividades, la supervisión en la ejecución de las mismas y sobre todo, en la capacitación de técnicos en el tema de evaluación de pérdidas de explotaciones agrícolas o pecuarias -por si la temporada no es benigna con los productores y si estos reportan mermas o pérdidas totales en sus actividades por los efectos del exceso o la mala distribución de las lluvias- y así estar preparado para poder tomar decisiones adecuadas en cuanto ha hacer efectivos los seguros por cosecha o a las readecuaciones de las deudas para no volver a solucionar los problemas de la inversión del campo, con la siempre cuestionada condonación de los préstamos agropecuarios.

Sino se implementa una política y una estrategia preventiva que localice, identifique y determine las verdaderas pérdidas y los verdaderos perdedores, no podremos darle los derechos y beneficios a quienes sí arriesgan en las actividades del campo para proporcionarnos sus productos. Y no podremos, nuevamente, ser justos en la decisión de apoyar a los verdaderos productores del sector reformado y del sector no reformado en sus momentos de pérdidas.

La asesoría y la asistencia en la ejecución de los planes, así como las visitas para evaluación de daños requieren, además de técnicos con ética profesional, recursos monetarios y para no cargar al Gobierno con ese gasto su previsión debería estar contemplada e incluida en los planes de producción o inversión y en los nuevos seguros post cosecha. ■

VIENDO Y VIVIENDO LAS LLUVIAS

Otra vez estamos en la época del año en la cual nos domina el temor, la inquietud y la preocupación por los estragos que ocasionan las lluvias en la ciudad capital. Es cuando todos pasamos pendientes de los resultados que puede dejar una lluvia torrencial en nuestra débil -y deteriorada por nosotros mismos- infraestructura urbana. Algunos sufren viviendo en carne propias los estragos que la naturaleza le devuelve a aquellos que han construido o edificado en áreas que por tener o demostrar depresiones o causes naturales le pertenecen a ella, y otros sufrimos viendo ese cobro de la naturaleza y las secuelas que una mala –no sé si inexistente- planificación de crecimiento urbano puede dejar.

Al pasar los chubascos se comprueba que nuestra ciudad esta localizada en una región con suelos cuya estructura y textura son altamente susceptibles a la erosión y a los derrumbes. Nada nuevo porque se tienen estudios que la cooperación internacional ha efectuado con propuestas de alternativa que pueden mitigar los desastres, pero las mismas y algunas en particular, que han sido discutidas y analizadas, no han sido aceptadas y no solo por su costo, sino también por querer defender y conservar la estética y los diseños arquitectónicos de la ciudad.

También, parece que las autoridades del Gobierno, ven hacia esos lugares hasta que se presentan los desastres y hay que rescatar o atender por emergencias a los pobladores de esas zonas y no promueven medidas preventivas. Sí se sabe, y se reconoce, que al momento de los daños, las autoridades dicen presente y se montan los espectáculos para que los que no están viviendo la situación si la vean por los medios de comunicación escritos o televisivos llegando hasta allí la acción de los superiores y terminándola los empleados, los vecinos y uno que otro voluntario.

Se llega a asignar recursos en términos de millones para ayuda, se piden contribuciones a los que por suerte vimos y no vivimos los embates de las aguas y nuevamente se gasta en horas/combustible, horas/contratos, jornales/trabajo, horas/publicidad, en fin se erogan recursos que debieran ser invertidos preventivamente, y mejor durante el verano para crear obras de infraestructura que encausen las corrientes de invierno y que provean contenciones de las tierras en las laderas o cerros en donde mal se construye.

Pero como siempre, todas las soluciones son temporales y no se ordena regular las construcciones en las zonas de riesgo, prohibir habitar zonas de alta fragilidad estructural, y registrar a quienes se dedican a poblar esas zonas riesgosas. Además ¿por qué no se deducen responsabilidades a los padres de familia que arriesgan la vida de sus hijos -niños y adolescentes- por no abandonar esas zonas al momento de decretar las alarmas sobre riesgos? ■