sábado, 16 de enero de 2010

CAMPESIN@S

Así se identifica a las personas que pertenecen o viven en el campo, las cuales y a propósito del proceso de Reforma Agraria, se les ha clasifica en dos grupos: El Sector Reformado, que incluye a aquellos grupos de campesinos organizados que se han beneficiado o se pretende beneficiar con ese proceso, y El Sector No Reformado, que incluye a campesinos individuales dedicados igualmente a las labores del campo y que de alguna manera han sido beneficiadas directa o indirectamente.

La Leyes afines a la Reforma Agraria y sus reglamentos establecen los requisitos que deben reunir l@s campesin@s; dos de ellos son muy claros: 1) Residir en el área rural, acreditando esto mediante constancia extendida por la Corporación Municipal de la jurisdicción de su domicilio. 2) Tener como ocupación habitual los trabajos agrícolas, acreditando esto mediante constancia extendida por el Alcalde Auxiliar, sin perjuicio de las investigaciones que se realicen para confirmar tal extremo.

En la práctica, a los interesados de beneficiarse con el proceso, solo se les levanta una superficial encuesta socio económica, sin llegar a realizar una investigación de las respuestas bridadas para validar su condición de beneficiario, lo que permite incluir y aceptar en los listados de los grupos a beneficiar a personas que no son verdaderos campesinos, quienes con el tiempo son los que dirigen o manejan los grupos, y por consiguiente quienes se reparten lo mejor de las adjudicaciones o que terminan comprándoles a los demás sus derechos.

Si se tuviese rigurosidad en las investigaciones del gobierno, y conciencia de clase entre los campesinos -sus bases y sus dirigentes de todo nivel- no se apoyaría o permitiría que personas que no viven, ni nunca han vivido en el área rural y que mucho menos, no tienen ni nunca han tenido como ocupación habitual los trabajo agrícolas, se aprovechen de un proceso tan idealista y beneficioso para la zonas rurales.

Quienes no reúnen estos requisitos, difícilmente contribuirán a mejorar la producción y la productividad del campo y más aún, es muy difícil que no se aprovechen de la confianza y humildad de los verdaderos campesinos.

Much@s de estas personas que se sienten o dicen ser campesinos, solo buscan beneficiarse de las oportunidades que da la Reforma Agraria. Es posible que algunos, aunque no puedan cumplir con esos requisitos, sean sinceros y que sí busquen trabajar la tierra (no lotificarla y urbanizarla), estos deberían ser identificados y clasificados en otra categoría, y buscarles alternativas dentro de los benéficos de la tierra, la capacitación y el crédito dentro del sector agrícola.

La propuesta es no permitir habitantes de las ciudades en los grupos, porque estos al quitarles los espacios a los verdaderos campesinos del campo, contribuyen a que estos últimos se desplazasen a vivir a las ciudades.

UN PROCESO CICLICO

La Reforma Agraria ha sido considerada como un proceso justo y equitativo que pretende transformar la estructura agraria del país. Teóricamente ha buscado sustituir el minifundio y el latifundio, y que la tenencia como la explotación de la tierra sea justa para permitir el aumento de la producción y la productividad del sector agropecuario.

Las Leyes que rigen este proceso han sufrido modificaciones a lo largo de los años con la intención de actualizar sus metas y objetivos, no así su finalidad, porque ésta siempre es valedera en cualquier momento presente o futuro. Esto último, porque debe entenderse que es un proceso altamente político que puede cumplir las expectativas de los necesitados de tierras o las de aquellos que son poseedores de éste bien, los primeros para adquirirla y los otros para mantener su dominio (sea como legítimos dueños o como simples ocupantes).

Hay que reconocer que el proceso ha permitido cierta respuesta para los campesinos sin tierra, pero siempre existirá una demanda insatisfecha porque cada año la población rural aumenta y la tierra no estira. La experiencia nos indica que la Reforma Agraria además es un proceso cíclico y que pasados periodos de 25 a 30 años se deben revisar nuevamente las estructuras de tenencia y distribución, por razones como las siguientes; aún existen minifundista y latifundistas, algunos campesinos a quienes se les benefició cuando tenían entre 20 y 30 años han envejecido, otros han cedido o vendido sus derechos, otros han fallecido, otros no aprovecharon adecuadamente sus parcelas (a muchos grupos se les adjudico en una alta relación hombre / tierra), otros se han urbanizado, y en muchos de los casos y lugares se da el fenómeno que las tierras recuperadas o afectadas por el Estado con el tiempo vuelven a estar en poder de las mismas manos.

Pienso que este proceso debe ser revisado, pero bajo una estrategia de parar el proceso por uno o dos años, para evaluar lo hecho, midiendo los cambios efectuados, identificando los errores cometidos, resolviendo definitivamente muchos casos viejos que no concluyeron las solicitudes incoados y sobre todo resaltado los impactos y beneficios que definitivamente se han logrado con tan importante proceso, y no solo informar sobre metas y actividades que sobre ese particular cumplen anualmente las instituciones que por ley participan en el proceso, y como siempre, sin una verdadera coordinación.

El proceso de la reforma agraria, aún con sus hierros y su falta de apoyo total, ha contribuido a la paz social del país. Creo que no se le ha dado la prioridad que merece en el quehacer gubernamental, pero estamos a tiempo de retomar su relevancia política para prepararnos y adelantarnos al muy cercano tiempo de vivir “otro nuevo ciclo de Reforma Agraria”.

LOS TÉCNICOS

Nosotros los profesionales de las Ciencias Agrícolas y todos aquellos de otras profesiones que hemos trabajado en pro del Desarrollo Agrícola, el Forestal o el Pecuario, en algún momento nos ha tocado participar o intervenir en los planes o proyectos de los campesinos o de los productores independientes en el campo.

Bien haya sido, en su etapa de formulación o en su misma ejecución, hemos tenido que demostrar, al inicio los conocimientos profesionales adquiridos en los centros en donde nos educamos, y ya en un futuro a demostrar los conocimientos prácticos que nos ha dado nuestra experiencia en el campo.

En la búsqueda por proponer opciones de trabajo en el campo, máxime cuando se ha trabado con el Estado y ahora en algunas ONG´s u OPD´s, se ha recurrido a procesos y metodologías –importadas en su generalidad- que no siempre han sido las adecuadas y que a veces han sido más bien un factor limitante para el logro de las metas y objetivos previstos en las acciones o actividades realizadas.

Los planes y/o proyectos, en los que algunos de nosotros hemos participado o intervenido -aunque no siempre y no en todos los casos- nos han servido a los técnicos para afianzar los conocimientos académicos o para aprender ya en una realidad concreta. Ocurre que a veces se han aprendido lecciones por haber cometido errores –particularmente nuestros, de nuestros asesorados o compartidos entre ambos- pero que la mayor pérdida, máxime si es económica, la sufre el o los dueños del proyecto, o el Estado si éste no resulta y se cae en la situación de justificarlo como un ensayo. En el mejor de los casos, con las participaciones o intervenciones de algunos de nosotros, se han logrado planes y proyectos con resultados exitosos y de gran beneficio al país.

En esto de planificar y ejecutar proyectos, son los ejecutores de ellos quienes tiene igual o mayor responsabilidad, algunos no cumplen con sus responsabilidades, no sienten de su propiedad lo que emprenden y en otros casos no creen en los técnicos y solo se sirven de las oportunidades que se les ofrece cuando existen programas de apoyo al Desarrollo Rural.

La experiencia nos dice que además de abrir espacios participativos durante la planificación debemos ser inductivos y no elegir proyectos alternativos o excluyentes solo con levantar la mano, sino que se debe someter a una profunda discusión la documentación que justifique cada una de las opciones y que permita que aquellos que los van a ejecutar, los sientan como algo propio.

Por lo tanto, los técnicos debemos ser responsables en nuestras participaciones, brindar recomendaciones altamente profesionales, ser verdaderos promotores de los cambios y ser altamente confiables y juiciosos para orientar en las decisiones a nuestros asesorados.

DIAGNOSTICOS

Este término es médico y muy relacionado a signos de enfermedades, pero es muy usual escucharlo entre técnicos de las ciencias sociales, políticas, económicas, y/o agropecuarias, entre otras tantas que realizan trabajos que estudian o investigan la evolución socio-económica de grupos, comunidades o zonas del país.

En el medio técnico se habla de diagnósticos, cuando se quiere conocer una situación previa a efectuar una intervención con un programa o un proyecto. En la práctica se refiere a un instrumento de trabajo –juego de cuestionarios y cuadros o registros- que permite elaborar un documento que informa sobre la situación o estado particular de un grupo, una comunidad o una zona investigada en sus aspectos socio-productivos.

A mi criterio el diagnostico no es en si el documento, sino que éste lo es el dictamen final que informa en resumen y concretamente cual es la situación que arrojan los analices de la información recopilada- creo que es una herramienta muy útil, pero parece que a muchos les resulta difícil diseñarlos.

He conocido juegos de instrumentos que no siempre llevan a consultar la información que se precisa, y a veces se obtiene mucha que no se utiliza lo que conlleva a mayores gastos en la investigación y a la imprecisión de lo diagnosticado.

Si los técnicos utilizamos los llamados “diagnósticos”, deberíamos utilizar instrumentos de consulta que estén diseñados de manera que cada uno de ellos profundice o interiorice a varios niveles los aspectos que interesen en la investigación o para el propósito exacto establecido, y con los mismos llegar a cuestionamientos superficiales o a cuestionamientos complejos según sea el caso.

No debemos olvidar que a veces cuando investigamos, los consultados dicen que en varias ocasiones y de parte de diferentes personas o instituciones se les pregunta lo mismo, por lo tanto debemos establecer y compartir un sistema de registro de información que conserve la información básica y que permita solo agregarle aquella que periódicamente es cambiante.

Recordemos que debemos planificar y programar muy bien la investigación para que la información tenga valides al momento de rendir el informe con el respectivo diagnostico porque en muchos casos las respuestas a los programas o proyectos llegan tarde y a veces las soluciones a los problemas son extemporáneas o no aplicables porque las situaciones cambiaron.

La profundidad de la consulta nos debe ayudar a precisar los “signos que sirven para fijar un carácter particular de la enfermedad” si pensamos como médicos, o para identificar “las situaciones de atrasos o estancamiento que prevalecen en el grupo, en la comunidad o en la zona investigada” si lo hacemos como técnicos.

EL DESARROLLO RURAL

El tema del Desarrollo Rural es y será un tema de apasionante discusión y planteamientos políticos y sociales., anualmente se proponen para él, muchas acciones y estrategias de gobierno que dan esperanzas a quienes viven en el campo y a quienes idealizamos un mejor país. La busqueda del desarrolllo rural es sin duda una bandera, que algunos gobiernos y mucho particulares, esgrimen para justificar la solicitud de financiamientos y/o apoyos de cooperación local, nacional o internacional.

Al hablarse o escribirse sobre desarrollo rural no cabe duda que se teoriza más de la cuenta y que quienes abordan este tema dicen conocer o saber qué es lo que se necesita para impulsarlo o promoverlo, pero pocos, y escasamente muy pocos, plantean el cómo lograrlo, y esto porque raramente se documentan las experiencias negativas que se tienen en los planes o proyectos ejecutados por años para ese propósito.

Al planificar el Desarrollo Rural como una tarea del Gobierno no se consideran, o no se les da participación, a todos los recursos físicos, financieros, naturales y humanos que existen en la zona rural. Esto porque la estrategia se enfoca hacia el segmento de la población pobre o a la más pobre y de alguna manera esto divide o crea ambientes adversos entre quienes viven en las zonas rurales –ricos y pobres- y no facilita desarrollar unidades de producción simultáneamente (ni las de los de ricos, ni las de los pobres)

Si se proponen proyectos para los pobres, de ellos se capta su mano de obra, pero se disminuye su oferta para las explotaciones particulares existentes. Por otro lado, por el mismo divisionismo creado, no se puede obtener de los dueños de las explotaciones existentes, los conocimientos, ni la contrata de algunos recursos o medios de labranza o laboreo cultural de que estos disponen o han dispuesto con mucha anterioridad a la llegada de los llamados proyectos de desarrollo rural.

En una perspectiva realista si se desea planificar correctamente el Desarrollo Rural, se debe caracterizar completamente la comunidad o zona de intervención, valorando todos y cada uno de sus pobladores, inventariando todos los medios, equipos y materiales locales, enlistando todas las organizaciones existentes e interrelacionar sus potencialidades y debilidades con la idea de darle participación y corresponsabilidades a todos aquellos que conforman la llamada población rural.

La planificación del Desarrollo Rural requiere de consultas generalizadas, de información periódicamente actualizada, de la definición de indicadores concretos y precisos, de la coordinación de técnicos teóricos y de técnicos pragmáticos, de estrategias simples y aplicables, de políticas claras y congruentes, y sobre todo de ciudadanos honrados, trabajadores y disciplinados en cumplir el rol que a cada uno se le asigne.