Llegaron las lluvias y con ellas los cerros y campos ha enverdecido, los cultivos anuales se iniciaron, los permanentes muestran ya su recuperación y con ello, los agricultores y ganaderos ven nuevamente la llegada de otra temporada que les permite dedicarse a las actividades que más saben hacer, y aunque estas son y serán inversiones riesgosas confían en que la fortuna les puede sonreír.
Esto marca el inicio de otro ciclo agropecuario en el cual los productores del campo cifran su futuro en los buenos resultados y en las posibilidades de obtener créditos de la banca nacional o la banca privada, y a la vez se inicia otro ciclo de inversiones en el país que crea la esperanza por suplir los productos alimenticios de la población y la obtención de ingresos que mejoren la economía nacional. Ante esta situación el Gobierno debe prepararse para iniciar un efectivo ciclo de orientación técnico-política para que el manejo de los fondos nacionales –principalmente- y los privados se orienten, se destinen y se manejen de forma correcta y transparente desde este momento y hasta ya concluido el ciclo de cultivo actual.
Para el mismo, desde ya se deben tomar las providencias del caso para poder asesorar y asistir a los productores (principalmente a los que trabajaran con préstamos) en la planificación de sus actividades, la supervisión en la ejecución de las mismas y sobre todo, en la capacitación de técnicos en el tema de evaluación de pérdidas de explotaciones agrícolas o pecuarias -por si la temporada no es benigna con los productores y si estos reportan mermas o pérdidas totales en sus actividades por los efectos del exceso o la mala distribución de las lluvias- y así estar preparado para poder tomar decisiones adecuadas en cuanto ha hacer efectivos los seguros por cosecha o a las readecuaciones de las deudas para no volver a solucionar los problemas de la inversión del campo, con la siempre cuestionada condonación de los préstamos agropecuarios.
Sino se implementa una política y una estrategia preventiva que localice, identifique y determine las verdaderas pérdidas y los verdaderos perdedores, no podremos darle los derechos y beneficios a quienes sí arriesgan en las actividades del campo para proporcionarnos sus productos. Y no podremos, nuevamente, ser justos en la decisión de apoyar a los verdaderos productores del sector reformado y del sector no reformado en sus momentos de pérdidas.
La asesoría y la asistencia en la ejecución de los planes, así como las visitas para evaluación de daños requieren, además de técnicos con ética profesional, recursos monetarios y para no cargar al Gobierno con ese gasto su previsión debería estar contemplada e incluida en los planes de producción o inversión y en los nuevos seguros post cosecha. ■
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