jueves, 18 de octubre de 2012

RECLAMANDO RESPETO A LA CONSTITUCION


¿Porque será que solo cuando individual o colectivamente nos vemos afectados por medidas o acciones tomadas por el Gobierno es que sacamos a relucir la importancia y validez que tiene la Constitución de la República? ¿Por qué será que solo cuando queremos que se nos respeten los derechos, algunos no regulados por la Constitución y la Leyes Generales, es que demandamos que el Gobierno respete lo que manda la Constitución de la Republica?

En Honduras ha sido un práctica frecuente que los hondureños, incluidos algunos extranjeros, no respetemos lo que manda nuestra Carta Magna, unos porque la desconocen o porque solo conocen lo que dice sobre derechos y no sobre obligaciones; y otros que la conocen muy bien, pero que les importa poco el respeto de sus disposiciones o que por intereses particulares la violan por simple capricho o por oportunismo si están en el poder.

Es lamentable escuchar de parte de grupos elites y privilegiados, reclamos para que el Gobierno se rija irrestrictamente por los derechos que la Constitución y las Leyes vigentes mandan, olvidando o desconociendo que también es el Gobierno el responsable de velar por que los ciudadanos cumplan con los deberes que igualmente dicta la Constitución.

El reclamo por el respeto a las conquistas alcanzadas –la mayoría fomentadas por algunos políticos- por diversos grupos privilegiados es un derecho a respetar, pero la forma y los actos que se ejecutan por el reclamo es lo que la ciudadanía cuestiona a la parte que exige mantener sus derechos, aunque estos violen el principio de no constituir clases o gremios privilegiados.

El respeto a la Leyes terrenales y porque no, a las celestiales también, es lo que permite que exista armonía en la convivencia ciudadana, lo contrario crea descontento y temor en vivir en un país sin autoridad y respeto mutuo entre gobernantes y gobernados. Por eso cuando se promulguen leyes, o convengan contratos o estatutos para grupos o sectores sociales debe prevalecer el respeto a los mandatos de la Constitución de la República entre las partes que negocian y no solo pensar en intereses, beneficios o “conquistas” particulares que dividen a la población en clases de las cuales, unas viven y se sirven de los recursos del estado en desproporción y desventaja contra otras.

La actitud de respeto a la Constitución de la Republica y a las Leyes vigentes, o seguir los caminos correctos para reformarla si lo consideramos necesario la mayoría, nos pondrá en un plano civilizado y sin ventajas de clases elitistas o de gremios profesionales contra los ciudadanos que no pudieron –o que se les niega- educarse o capacitarse para tener mejores oportunidades o roles en la sociedad.

Ya es suficiente la demagogia y la polarización de nuestros ciudadanos con eso de que muchos viviendo como ricos y si haber pasado pobreza dicen ser representantes de los pobres, o esos que dicen que el pueblo necesita educación, salud y seguridad y son los principales obstáculos para que eso se le dé al pueblo.

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