¿Porque será que solo cuando individual o
colectivamente nos vemos afectados por medidas o acciones tomadas por el
Gobierno es que sacamos a relucir la importancia y validez que tiene la
Constitución de la República? ¿Por qué será que solo cuando queremos que se nos
respeten los derechos, algunos no regulados por la Constitución y la Leyes
Generales, es que demandamos que el Gobierno respete lo que manda la
Constitución de la Republica?
En Honduras ha sido un práctica frecuente que
los hondureños, incluidos algunos extranjeros, no respetemos lo que manda
nuestra Carta Magna, unos porque la desconocen o porque solo conocen lo que
dice sobre derechos y no sobre obligaciones; y otros que la conocen muy bien,
pero que les importa poco el respeto de sus disposiciones o que por intereses
particulares la violan por simple capricho o por oportunismo si están en el
poder.
Es lamentable escuchar de parte de grupos
elites y privilegiados, reclamos para que el Gobierno se rija irrestrictamente
por los derechos que la Constitución y las Leyes vigentes mandan, olvidando o
desconociendo que también es el Gobierno el responsable de velar por que los
ciudadanos cumplan con los deberes que igualmente dicta la Constitución.
El reclamo por el respeto a las conquistas
alcanzadas –la mayoría fomentadas por algunos políticos- por diversos grupos
privilegiados es un derecho a respetar, pero la forma y los actos que se
ejecutan por el reclamo es lo que la ciudadanía cuestiona a la parte que exige mantener
sus derechos, aunque estos violen el principio de no constituir clases o
gremios privilegiados.
El respeto a la Leyes terrenales y porque no, a
las celestiales también, es lo que permite que exista armonía en la convivencia
ciudadana, lo contrario crea descontento y temor en vivir en un país sin
autoridad y respeto mutuo entre gobernantes y gobernados. Por eso cuando se
promulguen leyes, o convengan contratos o estatutos para grupos o sectores
sociales debe prevalecer el respeto a los mandatos de la Constitución de la
República entre las partes que negocian y no solo pensar en intereses,
beneficios o “conquistas” particulares que dividen a la población en clases de
las cuales, unas viven y se sirven de los recursos del estado en desproporción
y desventaja contra otras.
La actitud de respeto a la Constitución de la
Republica y a las Leyes vigentes, o seguir los caminos correctos para
reformarla si lo consideramos necesario la mayoría, nos pondrá en un plano
civilizado y sin ventajas de clases elitistas o de gremios profesionales contra
los ciudadanos que no pudieron –o que se les niega- educarse o capacitarse para
tener mejores oportunidades o roles en la sociedad.
Ya es suficiente la demagogia y la polarización de nuestros ciudadanos con eso de que muchos viviendo como ricos y si haber pasado pobreza dicen ser representantes de los pobres, o esos que dicen que el pueblo necesita educación, salud y seguridad y son los principales obstáculos para que eso se le dé al pueblo.
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