En días anteriores aborde el tema de los vendedores ambulares y en esa ocasión mencioné el termino “compradores callejeros”. La idea fue poner en el escenario del “problema de los vendedores ambulantes” -que tratan de resolver distintas municipalidades en nuestro país- a un actor o personaje que influye negativamente para las autoridades, más no así para la otra parte, los vendedores. Me refiero a las personas que compran en las calles.
Si preguntamos a esas personas, ¿el porqué compran en esos puestos?, Me atrevería a establecer dos claras respuestas: una, los productos son más baratos y la otra, me sale más cómodo y de más rápida atención que en un establecimiento formal.
Sobre la primera, mi opinión es que, no es muy cierto que en la calle los productos o mercancías estén más baratas, he consultado sobre los precios de ciertos productos, para comparar con los fijados en las tiendas y he descubierto, que por lo general muchos productos vendidos en las calles tienen precios más altos, son de limitada calidad y sobre todo no se factura su compra, lo cual es altamente dañino para la ciudadanía y altamente favorable para “enraizar” en esos sitios a la persona a quien se le compra.
Sobre la otra potencial respuesta, creo que es cuestión de organizarse al salir de compras y darse tiempo para visitar diversas tiendas o establecimientos para conocer sobre los diversos precios del mercado. Es posible, que sea necesario reconocer, que muchos ciudadanos solo pueden vivir de las ventas en las calles y que algunos pueden ser autorizados, cuando verdaderamente son “vendedores ambulantes”, no estacionarios o fijos y que lo que ofrecen son productos no tasables ya puestos en la calle (periódicos, chicleras, flores u otros que deberían ser escogidos para tales ventas).
Así, surge otra pregunta ¿Será posible que las autoridades municipales, en vez de tratar de sacar a los vendedores estacionarios o fijos en las calles y en las aceras, enfoquen su atención para “sacar los compradores callejeros”? Esto parece imposible pero debemos entonces, por medios de campañas publicitarias, orientar y/o educar la población hacia no comprar allí por razones de riesgo en la salud, perdidas en la adquisición de productos no confiables o de escasa calidad y sobre todo para que se comprenda, que el comprar en la calle productos, materiales o artículos tasables nos hace cómplices del desorden y participes y/o evasores del fisco. ■
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