Mucho se ha hecho para resolver el “problema” de que existan vendedores en las aceras y calles. Se les ha correteado, se les ha decomisado sus mercancías y a veces se han tenido con ellos, hasta enfrentamientos campales. El problema es grande y creo que nunca será resuelto como se quiere, pero se pueden analizar algunos aspectos y comentar sobre alternativas, que minimicen la opinión adversa sobre estos comerciantes y que ayuden a las autoridades a afrontar la exigencia de las comunas para ver ciudades limpias y ordenadas.
Se les llama “vendedores ambulantes”, pero son “vendedores fijos o estacionados”. Si fueran ambulantes no habría problema, porque su actividad la realizarían haciendo recorridos en ciertas rutas o dominios - espontáneamente entre ellos establecidos-, ofrecerían productos de poca variedad y en cantidades que pudiesen cargarse o colgarse durante su permanente deambular por las aceras y calles y tendrían una capacidad económica limitada por su volumen de ventas.
Se dice que en su mayoría son pequeños o medianos comerciantes, pero existen muchos que no son vendedores pobres o de escasos recursos, y eso se puede comprobar al calcular las altas inversiones que se necesitan para la cantidad de productos que venden. Manejan un inventario mayor que muchas pequeñas tiendas o pulperías. Esto hace deducir que tienen capacidad para pagar un local y tributar adecuadamente. Estos vendedores lo que han ideado es una estrategia de comercialización que consiste, en buscar al cliente en los sitios y lugares de mayor concentración, la cual les ha dado buenos resultados. Y al ser así, surge otro actor, que puede ser determinante en este problema, al que me he permitido llamar “el comprador callejero” (del cual comentaré en otra oportunidad) mismo que complica a las autoridades porque le hace difícil o imposible resolver el “problema” abordado.
A estos vendedores, lo correcto es organizarlos y buscarles o construirles locales –con alquileres módicos- que sean accesibles a los “compradores callejeros”. Se debe clasificar a los vendedores, tipificándolos por producto, volumen de venta, lugar de origen -muchos no son vecinos de la capital, ni mucho menos del país- y sobre todo, cuales son y deben ser los verdaderos ambulantes (pobres y vendedores de subsistencia) y los que son o deben ser estacionarios (no pobres y verdaderos comerciantes pequeños o medianos y grandes –porque también existen estos entre ellos).
Algunas ventas en las calles peatonales, pero en Kioscos o Galeras con diseños y colores bien elaborados pueden dar vistosidad, lo difícil es seleccionar los productos permitidos para vender -podría ser solo artesanía- y que los actuales vendedores acepten ideas o comentarios como este. ■
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