Felicitaciones por la construcción de los puentes peatonales en varias ciudades del país, con ello se demuestra la preocupación por desminuir los accidentes y los consecuentes daños humanos y materiales. Pero no todas las personas -que deberían utilizarlos- se están sirviendo de las medidas de seguridad vial que estos proporcionan. En todo caso son pocas las personas que transitan por ellos, y esto debe llamarnos a la reflexión y a la búsqueda de recuperar su beneficio social y su belleza estética.
Ciertas personas dicen, que su poco uso se debe a la falta de seguridad policial que evite los asaltos en ellos, pero se puede observar algunas personas sí los utilizan y en ese mismo momento y sitio otras personas cruzan la calle por la parte de debajo de esos puentes. Otros argumentan que es por la falta de higiene, al ser estos utilizados por algunas personas –orates o no- para hacer sus necesidades fisiológicas, en este caso la salida podría ser incluir su aseo en la responsabilidad de los barrenderos de las calles y apoyarles con tanques de agua.
Como conductor, uno se siente contrariado al ver esas personas cruzando por abajo y no por el puente, no le queda otra que frenar -con el consiguiente resultado; desgaste de fricciones, gasto adicional de combustible y aumento del estrés al conducir- y lo único que puede hacer es decirles o gritarles “usen el puente indios”, esto sin querer ofender o discriminar a los verdaderos indios sino como una expresión para pedirles -a esos peatones que circulan “por bajeras de los puentes”- un comportamiento urbano.
Si la solución es poner policías y lavar los puentes periódicamente y si esto se cumple con pago de nuestros impuestos, debería pensarse en multar a quienes no los utilizan y cruzan por abajo. Basta con poner patrullas y policías con instrucciones de llevar ante las autoridades municipales a esas personas para que cancelen una cantidad en efectivo o que se comprometan a prestar un servicio social a favor de la comunidad.
Esta sugerencia puede ser cuestionada, pero ayudaría a evitar erogaciones a los involucrados en los accidentes y el obligatorio gasto del estado para curaciones –si las y los afectados tuvieron suerte de quedar vivos o no lisiados permanentemente- y en cierta medida a utilizar una estrategia para inducir a los peatones a utilizar efectivamente una obra de tan alto costo, pero de buen beneficio y alta utilidad vial.
Para finalizar, si alguna vez usted amigo(a) lector(a) ha cruzado por debajo de un puente peatonal y en ese momento ha escuchado que un conductor -que va pasando cerca de usted- le dice “usa el puente indio(a)”, ese fui yo. ■
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