domingo, 3 de octubre de 2010

UN PENSAR POLITICO

No es raro que la ciudadanía, principalmente la votante con o sin partido político, duden o desconfíen de la mayoría de los postulantes a cargos de elección popular, y esto porque no los conocen muy bien o porque.. si los conocen muy bien. Por años, en las campañas para la promoción de políticos a cargos públicos, se ha tenido como garantía segura para ganar; el ofrecer obras, servicios, empleos –aunque no todos los que se aglomeran en las manifestaciones, carezcan o necesiten de ellos- y en todos los casos que el postulante será mejor que los representantes políticos del pueblo en ese momento, sean estos de su mismo partido o del partido adversario.

El aspirante político sea para Alcalde, Diputado o Presidente ofrece soluciones a todos los problemas que le han dicho que existen o que ya sabe que existen en todo el país. Promete resolver todo con la intervenciones directa de su próximo Gobierno si le hacen ganar las elecciones y sin solicitar o calcular la contraparte o coinversión que podría ofrecer la comunidad visitada o el sector gremial abordado en ese momento de campaña, para así darle más posibilidad al cumplimiento de sus promesas.

Pero que sucede, nuestra población votante se encanta más con el discurso del que le ofrece todo o de todo y siente que con ello será compensado y saldrá ganando con el mínimo riesgo e inversión que contrapone, SU VOTO. Y aquí está, el primer y grave error del votante, pone su voto (sin darle su valor real) y olvida que éste junto a sus posibles o potenciales contrapartidas –recursos naturales, recursos humanos y recursos monetarios, aunque sean escasos pero que se pueden colectar- serian su garantía para poder exigir un discurso serio y responsable.

Pero, como el votante únicamente ofrece su voto -y recalco, él no lo valora en todo su peso- al perder su candidato se conforma con decir, me equivoqué y no vuelvo a votar por los mismos. Y aquí, comete su segundo y preocupante error, porque con esa actitud y decisión volverá a arriesgar solo su “simple” voto y no buscará coinvertir o coparticipar en la solución de los problemas locales, propios o colectivos.

Pero no olvidemos a los candidatos; si éstos ganan el cargo aspirado por lo general no solucionan los problemas resaltados en sus discursos por falta de recursos suficientes y si pierden dicen que los votantes no lo apoyaron y no ayudan a los ganadores ni a las masas a las que antes le pidieron su voto. Algunos se desaparecen de los actos públicos por unos tres años, pero solamente por mientras haya que volver a la carga para cumplir o resolver sus aspiraciones y sus propios problemas. Se dan casos, claro que en una minoría, en que los candidatos cumplen, pero si son de ese pueblo en el que hacen campaña porque son conocidos y radican en ellos, y sobre todo si son serios y responsables.

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