Aunque haya sido una tradición, no deja de preocupar, que en forma prematura estemos entrando en la recta inicial de la carrera por los puestos y coaliciones políticas para gobernar el país durante el próximo periodo de Gobierno. También, es cuestionable que aquellos que hoy estando en los puestos del gobierno -elegidos o nombrados de dedo- cualquiera que sea su puesto o posición, estén pensando, más en las próximas elecciones que en cumplir con los compromisos que adquirieron en las elecciones recién pasadas.
Es incomprensible que los empleados de la administración actual y que los representantes de los partidos políticos -aliados o no- piensen, que con las obras que están realizando y con los subsidios que están repartiendo, están haciendo una labor que les será reconocida para las próximas elecciones, cuando lo que hacen es solo darle al pueblo las repuestas y los resultados que éste espera por haber votado por ellos en las elecciones pasadas.
Señores políticos, no se pierdan, hoy en día ante cualquier indicio de campaña prematura, los pueblos toman en cuenta más las promesas que oportuna y sinceramente fueron cumplidas, que aquellas que por enganche se hacen y sobre las cuales habrá un cobro futuro. Si no, veamos la experiencia reciente de aquellos políticos mexicanos, que estando en el poder no han podido convencer a su pueblo de que son la alternativa.
La gente ya no quiere promesas sobre promesas y no concibe que nuestros políticos estando en el poder piensen y digan que en el futuro las cosas serán mejores que en su actual mandato, y peor aún, que sigan insistiendo en que los errores y las situaciones que no pueden corregir o superar son culpas de quienes mandaron en el pasado –lejano o reciente- y que a la fecha no hayan podido direccionar en buen rumbo al país.
Si las alternativas políticas en Honduras cambian para las próximas elecciones y si contra estas se remarca el abstencionismo, podríamos caer en un error político porque no es correcto que se piense que el voto de castigo es simplemente votar en contra de quienes nos han estancado en vez de desarrollarnos. Eso a quien más daña es al mismo pueblo y no a los que se dedican a la política partidista y pensemos que quienes nos han fallado y se niegan a reconocerlo, de hecho nos seguirán fallando. Por eso, es más político botar -ejerciendo el sufragio- a quienes no sirven, que dejar de votar para botar a aquellos que no han dado el ancho. Por eso las reformas políticas son alentadoras, parece que ya no habrá oportunidad para que algunos inversionistas en política sigan comprado posiciones o puestos de representación popular. Pero, ojala eso se concretice antes de que muchos se agarren del tren y que tengan la oportunidad de reservar cupos prematuramente y que después las reformas no les afecten. ■
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