Los humanos hemos cambiado mucho en cuanto al valor y al lugar que a Dios le damos, a veces por creencia y fe, lo ubicamos en nuestros corazones o en nuestras mentes. Pero en otras, cuando se trata solo de guardar apariencias y que no se diga que somos ateos o poco religiosos, lo ubicamos -en nombre o en imagen- en cualquier artículo de uso diario, en nuestras prendas de vestir o en cualquier acto de nuestra vida terrenal. Por eso es que vemos en todas las actividades sociales que se realizan en nuestro medio (deportivas, políticas, militares o religiosas) a muchas personas -y casi siempre las mismas- que tratan de demostrar su fe religiosa persignándose o asumiendo posturas de devoción y solemnidad, que uno, hasta llega a creerles y considerarlos verdaderos cristianos.
Entre esas personas, las que logran andar y estar en todos lados, habría que admirar a aquellas que lo hacen cumpliendo con una responsabilidad encomendada por el pueblo (pero solo aquellas designadas para tal propósito, no las que se cuelan dejando a un lado sus puestos y que se agregan para hacer bulto) y, a aquellas otras que sin representar al pueblo lo hacen por cultura, por la libertad que da la democracia, que lo hacen gastando sus propios recursos y sin ningún interés político o lucrativo. Además, es digno reconocer a aquellas, que en el trajín que conlleva participar en tantos actos inventados en nuestro medio, demuestran fe, fortaleza y una capacidad física, espiritual, e intelectual fuera de serie. Pero también hay otras que merecen ser recriminadas, porque solo aprovechan estos actos para figurar, para lucrarse, para ganar cámara o para alejarse -por largas horas- de sus hogares, para rechazar su realidad familiar o para esquivar sus obligaciones caseras (incluidas las de pareja).
También es malo que en cualquier actividad pública o privada se invoque el nombre de Dios de forma irreverente: En las deportivas (aunque hayan arreglos) se dice: Dios quiera que ganemos el partido o gracias a Dios que no perdimos; En las políticas (aunque se mienta) se dice: Si Dios quiere que gobierne el país, lo haré. Dios nos ayudará a obtener los votos necesarios o Dios nos ayudará cumplir “nuestras” metas; En las militares (aunque se vaya a matar) se dice: Dios nos ayudará a limpiar la sociedad. Dios acompañará a nuestros soldados o con Dios venceremos al enemigo; En las religiosas (aunque en los cultos se mencione más al Diablo) se dice: Dios borrará tus deudas de las computadoras si depositas en este momento tu ayuda en el banco. Dios te hará a ganar la lotería o Dios te perdonará aunque pequés. ¿Que habrá pasado con el, no usarás el nombre de tu Dios en vano? Bueno, eso, solo él lo sabe. Pero es seguro que entre nosotros, más de alguno sabe que no lo usa en vano, porque con ello se beneficia. ■
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