Entre los años 60´s y 70´s, los grupos campesinos se afiliaban en apenas tres grandes organizaciones: La Asociación Nacional de Campesinos de Honduras (ANACH), la Unión Nacional (UNC) y la Federación de Cooperativas de la Reforma Agraria (FECORAH). Hoy en día el movimiento campesino se ha atomizado tanto que bien existen unas 36 ó 37 pequeñas organizaciones agrupadas en tres confederaciones: el Consejo Nacional Campesino (CNC), el Consejo Coordinador de Organizaciones Campesinas de Honduras (COCOCH) y la Confederación Hondureña de Mujeres Campesinas (C.H.M.C.)
El último censo nacional del sector reformado, reporta una cantidad aproximada de 2,104 grupos campesinos, entre ellos Empresas Asociativas, Cooperativas, Comités agrícolas y otros llamados grupos independientes. El Estado en los últimos 50 años ha promovido la organización campesina con dos propósitos: primero para impulsar un proceso de reforma agraria ordenado y, segundo para facilitar la entrega de los bienes y servicios que el proceso mismo esta avenido a ofrecer.
Para el primer propósito, se han realizado varios esfuerzos e inversiones para inventariar los grupos, sus recursos y sus integrantes. Uno de ellos fue la propuesta de implementar el Expediente Campesino -en el año 1987- instrumento que según mi opinión ha sido uno de los registros más completos que los técnicos del Estado han diseñado, pero este no fue aplicado como consulta debido a que el movimiento campesino se opuso por las dudas surgidas sobre el uso que se le daría a la información. El otro esfuerzo se orientó a realizar el Censo Nacional del Sector Reformado el año de 1999 (éste sí lo apoyaron las organizaciones campesinas decididamente) pero sus resultados completos y finales no fueron totalmente tabulados ni mucho menos masivamente publicados.
Para el segundo propósito, igualmente se han realizado esfuerzos con programas como: el Programa de Desarrollo Rural, Programa de Desarrollo Campesino y el más reciente Programa de Reconvención Empresarial. Todos estos en su momento han impulsado proyectos para el desarrollo de los grupos campesinos y han dispuesto de recursos –humanos y financieros- que cuando han sido eficientemente supervisados y fiscalizados han logrado éxitos en sus metas y objetivos. Muchos llegaron hasta ser modelos de orden internacional y gestores de empresas como GUANCHIAS, HONDUPALMA y COAPALMA, solo por citar tres grandes productos de la Reforma Agraria hondureña.
Se podrá comentar que los costos sociales han sido grandes y también que muchos errores se han cometido, pero recordemos que las empresas campesinas en su mayoría la forman hondureños, que muestran limitadas capacidades económicas y socio-culturales, que dependen mucho de las asesorías de promotores y técnicos agropecuarios, y sobre todo que no siempre están totalmente constituidas por verdaderos campesinos.
El desarrollo empresarial campesino se da con el tiempo, muchos grupos superan su situación socio económica, llegan a ser grandes empresarios y a veces hasta llegan a contratar como peones o jornaleros a campesinos no organizados. Pero, ¿acaso no es eso lo que busca la reforma agraria? Si para muchos los costos financieros de la reforma agraria han sido altos, debemos reconocer que su retribución ha sido nuestra paz social.
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