¿Cuántas veces nos han entrevistado o hemos entrevistado para obtener o ceder un empleo? ¿Cuántas veces el entrevistado o el entrevistador, no cumplieron su parte?. En una entrevista siempre se manejan planteamientos o preguntas y respuestas de simple trámite. Durante la interlocución, saltan en el ambiente posturas, expresiones y diálogos de alta calidad dramática. El entrevistador, asume una postura de alto nivel e importancia –en sus manos está el futuro de ese ser humano que tiene enfrente- y el entrevistado por lo general asume una postura, de abnegación y una actitud de alta admiración hacia quien le entrevista.
Llegado en intercambio de información, el entrevistador resulta ser la máxima autoridad o un empleado de menor nivel que puede influenciar la decisión de que el entrevistado sea aceptado para el empleo. Por su parte el entrevistado, llega a ser un recomendado –con todo y tarjeta de su padrino- o un valiente y seguro aspirante que se auto recomienda.
Estando ambos en el campo de los hechos y de las realidades, de la reunión saldrán dos personajes satisfechos -si llegan a un acuerdo de contratación- o dos personajes insatisfechos, porque ambos perdieron su tiempo y la oportunidad de complementase en sus necesidades, el entrevistador por llenar una vacante y el entrevistado por ocuparla.
Sin detallar mucho, ni explicar el proceso y la información intercambiada –entre caso y caso hay diferencias- me atrevo a decir que los puntos determinantes para convenir o discrepar (sin seguir este orden por supuesto) fueron: la aptitud para el cargo, la actitud a lo propuesto, el horario, el salario, el cargo y/o el padrino,
Si se logró convenir la contratación creo que primaron las condiciones del entrevistador, éste ya tenía definido el cargo –aunque el aspirante pudiese demostrar tener otras aptitudes o capacidades para otro-, el salario que no era negociable, y el lugar como el puesto a ser asignado.
Claro está, que por lo general, el que busca empleo no ofrece servicios técnicos o profesionales sino que acepta lo que le ofrecen. Si le dicen; el horario es de 8 a 4 PM, él dice que puede trabajar hasta después de las 4.00 PM; si le dicen, que el trabajo de lunes a viernes, él dice que puede trabajar sábados y domingos, bueno eso es lo que promete el entrevistado. El entrevistador por su parte, promete promociones a corto plazo, incrementos saláriales según desempeño, ambientes de trabajo inmejorables y confianza como respeto a los derechos laborales.
Finalmente, y por regla general, muy pocos de los entrevistadores o los entrevistados cumplen sus promesas iniciales y al final terminan amparándose en lo que dicen las leyes y reglamentos existentes –lo cual es correcto- dejando de dar o recibir lo mejor que cada una de las partes prometió para su relación contractual. ■
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