Aun cuando se nos critique por ser un pueblo muy emotivo y con limitados criterios para ejercer el sufragio y elegir adecuadamente a los mejores hondureños para los cargos públicos, no siempre fallamos en la elección de su mayoría.
En muchas Corporaciones Municipales hemos tenido -y pienso que éste año no será la excepción- ciudadanos y ciudadanas capaces y con disposición a cumplir con su misión de atender y solucionar los problemas que han restringido el desarrollo sociocultural de sus pueblos.
Pero, estas autoridades no siempre se rodean o eligen a otros ciudadanos que verdaderamente les van a cooperar en sus tareas, ni siempre contratan a personas o empresas adecuadas para que les ejecuten obras o servicios con la eficiencia y la calidad que merece un pueblo que por su medio las ha negociado.
Las vivencias que se cuentan y los problemas en que algunos y algunas a veces se meten, dan la pauta para decir que muchos de nuestros Alcaldes o Alcaldesas no conocen las leyes y los reglamentos –nacionales e internacionales- que orientan sobre una variedad de normas y procedimientos administrativos, que siendo por ellos conocidas, les podrían facilitar su trabajo.
Además parece que algunos de sus errores son cometidos por ser confiados, por no recurrir a los alcances que le da su misma autoridad, por no tomar decisiones colegiadas (analizadas, discutidas y decididas en pleno de la corporación) o por no disponer en sus municipalidades de procedimientos o estrategias para negociar y convenir contrataciones.
Las Alcaldías deben elegir o contratar asistentes técnicos y legales para que asesoren en todas aquellas negociaciones que comprometen los escasos recursos monetarios que obtienen por impuestos o por gestiones de cooperación. Se sabe que no en todas la municipalidades se tiene capacidad para pagar estas plazas, pero no creo que en un pueblo por pequeño que sea, no existan profesionales -claro que tengan empleo o de que vivir- que puedan servirle ad-honoren a su pueblo (y no digo al Alcalde o la Alcaldesa).
Sabemos que el voluntariado trae oposición entre las autoridades, y que no siempre los voluntarios serán lo que mejor ha producido el pueblo, pero a veces es mejor arriesgar con voluntarios que con asalariados.
Y así, es preocupante saber que los habitantes de ciudades y de pueblos, sin conocer la experiencia de sus candidatos, depositen su voto y que creen esperanzas de desarrollo alrededor de su elegido y que a éste ya en el puesto se le pida mucho y todavía mucho más de lo que con sus capacidades puede dar.
Dejarles solos y no apoyarles es ser cómplices si se mantiene el atraso de nuestra ciudad o pueblo. Dejarlos solos, sin conocer periódicamente sobre sus actuaciones, es como contratar una obra y que por no supervisarla a diario, al final la misma no es lo que esperábamos.
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