viernes, 29 de enero de 2010

RIQUEZA Y DESARROLLO


Siempre existirán personas y países, pobres y ricos, y siempre unos más que otros. Entre las personas, las diferencias del estatus de los individuos, se marca según el origen de los recursos o de los medios para haberlos logrado.
La riqueza económica puede lograrse con mucho trabajo, por una herencia, por la suerte en juegos al azar, o por la mala decisión (no mala suerte) de dedicarse a una actividad ilícita.
La pobreza económica puede ser producto de la falta de trabajo (o por no hacer el esfuerzo para buscarlo), por la mala suerte de no tener que o de quien heredar, a veces por la sabia decisión de no caer en las tentaciones ilícitas y en otras por la mala administración de los escasos recursos que se obtienen y que se dilapidan por caer en el consumismo suntuoso y contagioso de hoy en día.
Entre los países, las diferencias se dan por factores que van, desde la cantidad y la calidad de los recursos naturales que se tienen, hasta la actitud y la aptitud de los recursos humanos que cada nación posee. Influyendo claro está, los sistemas de gobierno, las modas económicas internacionales, el valor de los recursos de reservas nacionales, las deudas con organismos financieros internacionales, y a veces, hasta por los malos momentos que se pasan con los castigos de la naturaleza. 
Para mejorar como individuos o como país en cuanto al crecimiento económico, sostenible y equitativo, necesitamos revisar nuestras inversiones, las actividades técnicas o comerciales que realizamos, las posibilidades presentes o inmediatas para la generación de empleo, la situación que prevalece en la micro, la pequeña y la mediana empresa urbana y rural, nuestro estamento jurídico, las políticas fiscales existentes y todos aquellos otros aspectos o temas que puedan influir en nuestro desarrollo y crecimiento como personas o como país.
Por lo tanto, para llegar a conocer el futuro que nos espera como personas o como países, es necesario y correcto recurrir a la asesoría de expertos en finanzas y en desarrollo individual o colectivo. Con ellos se pueden efectuar estudios o investigaciones de la situación presente para hacer las previsiones  o proyecciones que nos cambien de posición en las escalas que valoran esas diferencias entre unos y otros.
Pero la propuesta de recurrir a expertos, se acondiciona a que recurramos a expertos que conocen el medio -sean nacionales o no- pero que sean altamente profesionales y de reconocida solvencia ética y moral, para no llegar a consultar a “expertos” que nos propongan acciones que en vez de ser positivas, más bien sean lesivas, al desarrollo de la familia o la sociedad.
Así, y aunque siempre existirá alguien más rico o más pobre que uno, o países más desarrollados u otros más atrasados que el nuestro, los esfuerzos y los planes por mejorar  estarían respaldados del conocimiento y la ciencia, y no solo de las simples voluntades de los que nos gobiernan.

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