Todo ciudadano que reúne los requisitos de ley tiene el derecho constitucional de aspirar y llegar a ocupar un cargo público y puede lograrlo por dos vías; por la vía de la elección o por la vía de la selección. La primera se rige por el voto popular y la segunda por la decisión de algunos de los que ganaron su elección. Los elegidos por el pueblo, por lo general las máximas autoridades, llegan a las Alcaldías, al Congreso Nacional y Uno a la Presidencia de la Republica. Los seleccionados, pueden llegan al Poder Judicial y si ocupan los altos cargos de Magistrados, son seleccionados en el Poder Legislativo (por los Diputados). Otros seleccionados llegan a puestos del poder Ejecutivo en rangos de Secretarios de Despacho o Directores y son seleccionados por el máximo representante de ese poder, el Presidente de la Republica.
Pero bien, lo que quiero razonar es lo que sucede cuando los elegidos (principalmente los Alcaldes o Diputados) reclaman atención positiva de sus peticiones –empleos a sus seguidores o solución a sus problemas personales o a sus compromisos de campaña- a los seleccionados que ocuparon cargos en el Poder Ejecutivo o en el Judicial. Se conocen dos situaciones sorprendentes; una, en que los seleccionados se supeditan a los elegidos, sea por amistad, compadrazgo, compromisos o por verdadera lealtad al compañerismo político. Y la otra, que el seleccionado no atiende las peticiones (intervención) o las presiones (manipuleo) de los elegidos y se crean roces o asperezas entre estos dos grupos de ciudadanos, que a veces son antagónicos pero que siempre deben ser complementarios en su responsabilidad con el pueblo que contribuyó directamente a su elección o indirectamente a su selección.
Pero, creo que cualquiera de estas dos posiciones que asuma el seleccionado pone en riesgo el desempeño objetivo de la responsabilidad que ha asumido al llegar a un puesto publico, máxime si su función es de servicio y de respeto a las normas, procedimiento o leyes del país. Lastimosamente la mayoría de los elegidos prometieron mucho en las campañas y los seleccionados igualmente prometen mucho al ser nombrados. Y los elegidos hasta ya estar en funciones descubren que ha prometido cosas o soluciones que no están dentro de sus posibilidades o en el marco de sus facultades.
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