Si queremos escribir o discursar sobre la necesidad de incorporar -como eje trasversal- el enfoque de Género en los programas, proyectos, planes, en fin en todo lo que sea un documento o una acción del Estado, debemos tener cuidado en no parecer más voceros de grupos políticos que impulsan movimientos de reivindicación feministas, que verdaderos impulsores de las ideas o aspiraciones de una sociedad que debe promover e insistir en un verdadero desarrollo familiar (mujeres, jóvenes –niñas y niños- y hombres).
El enfoque de género cuestiona los estereotipos culturales tradicionales y propone equidad (justicia natural por oposición a justicia legal y la justicia ideal) en la participación de los miembros de las familias, en todas y cada una de las acciones y actividades de convivencia para el desarrollo político, social y económico.
Pero, si el concepto de género se asocia solamente a lucha de las mujeres y solo las mujeres, por superar las diferencias o las reglas que rigen sus relaciones con los hombre y sin nombrar explícitamente a los jóvenes (hijas e hijos) estamos dejando por un lado la importancia, presente y futura, que para la humanidad tiene el núcleo familiar.
Para promover los cambios en las conductas o costumbres tradicionales, que le dan autoridad y poder solo al hombre dentro de la familia, no se debe caer en el error de buscarles solo a las mujeres el protagonismo en los espacios del desarrollo humano y de las sociedades, sino que se debe incluir, pero efectivamente, a las hijas y a los hijos. Estos deben educarse y convivir en un nuevo ambiente en el cual se manejen los nuevos conceptos de participación en condiciones de igualdad. Solo así podemos garantizar, que tanto las mujeres como los hombres de nuestras futuras e inmediatas generaciones gocen, del derecho a proponer o disponer sobre el patrimonio, la transmisión de bienes, los contratos y las obligaciones familiares.
Los cambios socioculturales no se logran solo con poner de moda un concepto teórico –en este caso, el género- o promulgando cuantas leyes se nos ocurran (sin reglamentos, como sucede con algunas recién promulgadas en pro a los derechos de las mujeres).
No creo que se logren cambios sinceros y permanentes en nuestra sociedad siendo coercitivos, porque es más efectivo convencer que imponer. Pero, si se sigue un proceso de inducción y una estrategia de socialización adecuada, sí se logrará mucho en cuestión de género.
Este enfoque abre los espacios para que se gesten nuevos tipos de relaciones sociales y una nueva relación de la especie al género y nos propone ver a hombres y mujeres (adultos y jóvenes) participando conjuntamente en las actividades que mueven la economía, la cultura, el arte y el poder, claro que no en ese orden, pero sí con equidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario