martes, 26 de enero de 2010

LAS TELENOVELAS

Sin referirme a ninguna novela en particular creo que las que se transmiten en nuestro medio, no son ni nunca serán portadoras de buenos mensajes, ni mucho menos serán la alternativa para que esa parte de nuestra población que las mira, se eduque o se forme con adecuadas costumbres.

El ambiente y las sociedades, en las que se graban, no tienen ni la mínima similitud con nuestra idiosincrasia. Por eso, quienes nos oponemos a que estas entren a nuestro medio, lo hacemos porque nos da pena ver que al traerlas reflejamos nuestras viciosas costumbres consumistas –compramos cualquier cosa que nos vendan sin medir si lo que nos ponen enfrente es dañino o alienante- y porque nos preocupa ver como las mismas llegan a distorsionar la realidad y el comportamiento de quienes las ven.

Nadie puede negar que a veces y por ellas se producen cambios en las relaciones familiares o amistosas por eso de que los y las noveleras, por no perderse un capitulo y estar pendientes de la hora en que se trasmite dejan cualquier platica o convivencia social.

La televisión ha encontrado en el medio respuesta y aceptación a cualquier novela, y aunque el trama sea el mismo solo que con diferentes actores –sean estos serios o informales (payasos)- su acogida siempre es impresionante.

Creo que ver telenovelas –ocasionalmente o ya por vicio- es algo dañino para la salud, se afectan los nervios y se crean tensiones por las tramas o enredos en que se meten los actores. Además, me parece que ha de ser feo y estresante, quedar pendiente o “picado” –como decimos los hondureños- al final de un capítulo y esperar 24 horas para saber en que quedaron los rollos que se ventilaron en el capítulo anterior.

También preocupa ver muchos y muchas personas que ven novelas, se identifiquen y hasta se apropien del comportamiento de sus actores y pierdan su propia personalidad. ¿Cuántas muchachas llegan a soñar con sus patronos o viceversa?, ¿Cuántos ven que lo que un actor o actriz logra, por cualquier medio, justifica su fin? ¿Cuántas parejas ven o se imaginan las infidelidades y creen que el desquite o la venganza es la solución? ¿Cuántas personas han desarrollado una mente novelesca y no actúan en su realidad?

Algo lastimoso es saber que esas novelas no se encuentran impresas en libros, lo cual sería una alternativa para que la gente tele-novelera pudiese ser inducida a la lectura y a desprenderse de esa obligación de estar esclavizada a un horario y expuesta al bombardeo publicitarios que los canales les dispensan a sus asiduos televidentes.

¿Acaso cada una de las personas a las que les gustan las telenovelas no tiene sus propios y suficientes problemas, y todavía tiene que cargar a diario con los problemas que se generan en los tramas de las telenovelas? En lo particular, he llegado a la conclusión de que ver telenovelas, principalmente las que se presentan en Honduras, es no quererse, o simplemente complicarse la vida solo.

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