A las dos partes, la ausencia parcial o total de una (los docentes) o de la otra (los alumnos) en las aulas a las horas o jornadas de clases, les es indiferente llegando al colmo de considerarla como un descanso o como un feriado informal.
Los maestros con sus ejemplos de ausentismo –individual o colectivo- no pueden exigir a sus alumnos su presencia permanente para recibir el pan del saber. Y los alumnos no pueden exigir a los maestros puntualidad en los horarios de clases, porque a ellos no les interesa cumplir los planes de estudios sino con el año calendario, sin importarles si saldrán aptos o no para el siguiente nivel o para el ejercicio ya de su media o alta profesión.
Si los alumnos se organizan en los establecimientos docentes, se les toma solo como al conjunto de personas que justifican la existencia misma de la institución, y no como al grupo de opinión que puede ayudar al buen funcionamiento de las instituciones educativas.
A estos, no se les atienden sus reclamos –si es que se integran por alumnos beligerantes y no por los que son promovidos por los docentes- ni mucho menos se les toma en cuenta para evaluar la calidad de la educación, el servicio o el comportamiento de los maestros, las condiciones del entorno social, ni mucho menos los avances o cumplimiento de los planes de estudios.
Una cosa es ser parte del alumnado y otra ser parte de los estudiantes –personas que si estudian- porque son y deben de ser estos los que reclamen a los educadores ejemplos de ética, responsabilidad y compromiso. Ya es tiempo que los actuales educandos, piensen en su futuro y que reclamen a los educadores el cumplimiento de sus deberes.
No hace mucho tiempo a algunos de nosotros nos tocó hacer huelgas para destituir a malos, irresponsables, incapaces, inmorales o a desactualizados educadores que nos habían asignado ¿Que pasa ahora con el estudiantado? ¿Por qué no se pronuncian por que se les dé educación completa y con calidad? ¿Será por lo de las represalias?
Si a quienes les pagamos para educar y formar a las nuevas generaciones les permitimos excederse en los reclamos de sus derechos individuales sacrificando los derechos colectivos, mantendremos en la calle y no en los establecimientos educativos a quienes están llamados a sustituirnos en la obligación de desarrollarnos como país.
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