lunes, 11 de enero de 2010

¿EQUIPOS O ARGOLLAS?

Los técnicos en administración de recursos humanos establecen que en el éxito o eficiencia funcional de muchas instituciones u organizaciones, es determinante el trabajo en grupo. Esto no está alejado de la verdad y su implementación hoy en día es casi una obligación metodológica. Pero, lograr conformar grupos de trabajo es una odisea, tanto por nuestra naturaleza de ser individualistas, como por el temor a ser rechazados, por nuestras ideas o por carecer de ellas.

Algunos grupos se constituyen por jerarquía o estructura institucional –en este caso, la integración y participación es por lo general, obligatoria y funciona verticalmente -, otros se promocionan para ser constituidos entre mandos horizontales y se propone una integración y participación flexible a casi voluntaria. En ambos casos los resultados suelen ser diferentes, pero se cumple el principio de compartir los éxitos o los fracasos.

Cuando estos grupos se organizan espontáneamente, como producto de una necesidad, un interés o una preocupación compartida, las jornadas de trabajo resultan alentadoras y productivas por mucho esfuerzo o tiempo que cada uno de los participantes invierta en ellas.

Durante el proceso de conformación de grupos se presentan situaciones como las siguientes: No todos los que a veces los integran deberían integrarlos y otros que deberían integrarlos no lo hacen; algunos a los que les gusta intervenir en las discusiones no deberían hacerlo y otros que deberían intervenir no lo hacen; esto permite decir que el resultado de los trabajos en grupo no siempre da méritos a los que si los tienen (que fueron los participantes sobresalientes) y por otro lado les da a quienes no fueron sobresalientes igual mérito que a todos (aunque no hayan participado en todas o completamente en las jornadas del grupo).

Además de lo anterior, un hecho muy común es cuando un grupo de personas -que por sus cargos o por su alto sentido de colaboración- se constituyen en equipos de trabajo y participan en reuniones laborando más allá de las horas y días obligatorios, y de repente aparecen los demás “compañeros o amigos” y empiezan a cuestionar sus reuniones y sus grupos de trabajo.

La experiencia me ha demostrado que a estos grupos de trabajo, la gente si forma parte de ellos les llama “equipos”, y sino forma parte de ellos les llama “argollas”. Si quienes integran esos grupos de trabajo -invitados o no- lo hacen por servirse, por favor no lo hagan y dejen los méritos a quienes sí trabajan. Y si lo hacen por colaborar o cumplir con sus responsabilidades, sigan adelante y hagan sentirse útiles y necesarios. Estoy seguro que quienes buscan servir coordinadamente a la sociedad no les preocupa si a sus grupos de trabajo les llaman equipos o argollas. ■

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