Sea usted; un alto ejecutivo -empresario o burócrata-, un estudiante, un obrero, un campesino, una ama de casa, un religioso o en fin cualquier ciudadano que alguna vez en su vida le ha tocado hacer o atender una invitación para una reunión social o de trabajo, creo que ha escuchado o dicho, que la misma iniciará “a hora hondureña”, entiéndase con esto, que mas tarde de la hora fijada.
Esta frase se utiliza como una excusa para justificar la impuntualidad de los invitados o la de los anfitriones. Como es posible que alguien sea impuntual a una invitación -máxime cuando ha sido notificado con mucha antelación- y venga y castigue a su país con tan increíble justificación.
Ser puntual no es llegar demasiado antes a una hora convenida, sino llegar con exactitud o cuando menos en un tiempo no mas allá de los 10 minutos antes o después de lo fijado -según mi criterio- pero con las excepciones del caso, de acuerdo al propósito de la reunión o a las normas protocolarias que la regulan.
Quienes dicen que la reunión iniciará a la hora hondureña, son los que llegan mucho antes de la hora y los que sí llegan a la hora fijada (los puntuales). Esto lo dicen por estar contrariados al ver que ha pasado la hora fijada, o para entablar una plática con la persona más próxima que también demuestra malestar por el atraso motivado por los impuntuales.
Si esperar es cuestión de jerarquía, estaremos en una situación en la que los subalternos (si la reunión es de trabajo) o que los menos importantes (si la reunión es social) deberán llegar de primero y que los de mayor jerarquía o importancia –hasta que se cercioraron de que ya llegaron los “demás”- hagan su señorial aparición. En lo particular, soy de la idea, de que los superiores y los más importantes deben ser los más puntuales –y no para dar el ejemplo, porque estos ejemplos nadie los imita- sino para que después de una corta pero prudencial espera, ordenen cerrar las puertas a los impuntuales.
Quienes asisten a una de esas convocatorias con puntualidad, son personas muy consideradas para con los demás y demuestran que sí tienen interés de estar allí y que quieren ser participes notables en la reunión social o de trabajo a la cual invitaron o fueron invitados.
Esperemos que para este nuevo año y los venideros “la hora hondureña” desaparezca como excusa, o que se convierta en una hora fija de buena costumbre. Quienes no supriman de su lenguaje esta negativa justificación, no contribuirán a mejorar el país ni mucho menos a si mismos.
La puntualidad contribuye mucho a la saludable convivencia laboral y social, pero sobre todo es la principal demostración de responsabilidad. ■
Excelente editorial tío,
ResponderEliminarle admiro, respeto y quiero mucho!