Las Leyes que rigen este proceso han sufrido modificaciones a lo largo de los años con la intención de actualizar sus metas y objetivos, no así su finalidad, porque ésta siempre es valedera en cualquier momento presente o futuro. Esto último, porque debe entenderse que es un proceso altamente político que puede cumplir las expectativas de los necesitados de tierras o las de aquellos que son poseedores de éste bien, los primeros para adquirirla y los otros para mantener su dominio (sea como legítimos dueños o como simples ocupantes).
Hay que reconocer que el proceso ha permitido cierta respuesta para los campesinos sin tierra, pero siempre existirá una demanda insatisfecha porque cada año la población rural aumenta y la tierra no estira. La experiencia nos indica que la Reforma Agraria además es un proceso cíclico y que pasados periodos de 25 a 30 años se deben revisar nuevamente las estructuras de tenencia y distribución, por razones como las siguientes; aún existen minifundista y latifundistas, algunos campesinos a quienes se les benefició cuando tenían entre 20 y 30 años han envejecido, otros han cedido o vendido sus derechos, otros han fallecido, otros no aprovecharon adecuadamente sus parcelas (a muchos grupos se les adjudico en una alta relación hombre / tierra), otros se han urbanizado, y en muchos de los casos y lugares se da el fenómeno que las tierras recuperadas o afectadas por el Estado con el tiempo vuelven a estar en poder de las mismas manos.
Pienso que este proceso debe ser revisado, pero bajo una estrategia de parar el proceso por uno o dos años, para evaluar lo hecho, midiendo los cambios efectuados, identificando los errores cometidos, resolviendo definitivamente muchos casos viejos que no concluyeron las solicitudes incoados y sobre todo resaltado los impactos y beneficios que definitivamente se han logrado con tan importante proceso, y no solo informar sobre metas y actividades que sobre ese particular cumplen anualmente las instituciones que por ley participan en el proceso, y como siempre, sin una verdadera coordinación.
El proceso de la reforma agraria, aún con sus hierros y su falta de apoyo total, ha contribuido a la paz social del país. Creo que no se le ha dado la prioridad que merece en el quehacer gubernamental, pero estamos a tiempo de retomar su relevancia política para prepararnos y adelantarnos al muy cercano tiempo de vivir “otro nuevo ciclo de Reforma Agraria”. ■
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