lunes, 11 de enero de 2010

LA OBLIGACION DE TRIBUTAR

Al vivir en sociedad nos vemos beneficiados de los logros, conquistas, y avances que en conjunto logra la población que la integra. Pero, por generaciones vamos adquiriendo compromisos para mantener o superar lo alcanzado y es así que entra en juego la percepción que tenemos del país en que nacemos y la visión que para él proponemos. Y de allí nacen las obligaciones individuales o colectivas –de orden personal o empresarial- que debemos cumplir, para compartir mutuamente los beneficios que nos rentan las actividades económicas y productivas.

Así, y si estamos claros que tributar al Estado es apoyarle para el pago de las cargas públicas, también debemos estar conscientes que hacerlo es de calidad humana para compartir con otros los resultados de nuestro éxito o de la suerte de tener bienes o fuentes que generan ingresos monetarios.

Muchos ciudadanos estamos conscientes de lo que significa cumplir con el deber de tributar, de los beneficios compartidos que resultan del cumplimiento de ese deber, y de los daños o consecuencias que a corto o largo plazo se provocan con el evadir esta responsabilidad.

También hay otro tanto, que piensa lo contrario o que ni siquiera se preocupa por pensar en ello. Así, a la vista está, la gran cantidad de evasores del fisco nacional, la gran cantidad de contadores públicos –por lo del título, y espero que no por lo de ser empleados públicos- que se han dedicado a ser asesores de empresarios (pequeños y grandes) en evasión de impuestos, y el sin-numero de personas que viven entre la opulencia por los resultados de sus negocios y que siempre reportan bajos ingresos o hasta situaciones de descalabros mercantiles.

Pero, lo mas preocupante es que el Estado no haya alcanzado su mejor organización, ni la adecuada creación de los mecanismos para el cobro de los impuestos que todos estamos obligados a pagar. En otros países -por sus adelantos- un ciudadano se puede salvar hasta de la muerte, pero no se escapa nunca de los impuestos que debe pagar al Estado, y es eso lo que les hace ser grandes, adelantados y fuertes financieramente.

Los Gobiernos -Centrales y Municipales- deben cobrar lo que corresponde, considerando el ingreso y los valores reales de los recursos de cada quien, pero determinando con justicia lo que se les debe, y dejando a un lado esa -ofensiva y mal vista- estrategia de que hoy nos ponen un alto impuesto o carga tributaria y mañana nos hacen una rebaja para que veamos el buen corazón de quienes nos gobiernan y el sacrificio de nuestras autoridades.

Por allí se dice que ahora pagaremos menos impuestos y que tendremos más obras, eso tiene más de política partidaria que de lógica. Por favor seamos serios, no ofendan nuestro sentido común, que ya de por si, es el menos común de los sentidos. ■

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