En estos modernos y tecnológicos tiempos, nos ha dado por compartir ideas que nos permiten ver y discutir sobre el futuro que queremos para el país. Y al proponer cambios en la sociedad, la economía y en la cultura de nuestra nación -a plazos de hasta veinte años- recurrimos al termino “visión de país” y por ello puede ser que nos quedemos soñando, tal y como puede entenderse su significado (lo de visión orienta hacia una especie de la fantasía, que no tiene realidad y se toma como verdadera)
Por suerte, entre muchos ciudadanos preocupados por mejorar el país, se discute su significado y su aplicación y es en esos debates que se escuchan diversos planteamientos, unos que defienden lo de la visión, con argumentos como el que a todos nos es permitido soñar o que si las cosas se sueñan se pueden lograr; hasta otros que la descartan porque dicen que la visión nos lleva a creer en planes, doctrinas o en sistemas halagüeños pero irrealizables y a sacarnos de la realidad.
En ninguno de los dos grupos la razón es absoluta, pero al conocer las posiciones de unos contra los otros se nos permite clasificarles entre los que son visionarios (aquellos que, debido a su fantasía exaltada, se figuran y creen en cosas quiméricas) y los que son proyectistas (aquellos dados a hacer proyectos y a facilitarlos). Si somos sinceros –y no indecisos para ubicarnos en uno de los dos grupos- hemos visto que las posiciones y argumentos de unos y de los otros no son del todo antagónicos y hasta se puede decir que bien expresadas y entendidas pueden ser complementarias y de ellas surgir sólidas y creíbles propuestas.
Todos los que nos interesamos por un nuevo país y que hemos analizado todos los aspectos y temas de la problemática para el desarrollo y el despegue económico nacional, sabemos o decimos saber que es lo que se necesita cambiar de la nación y de nuestra gente. Pero nos hemos quedado cortos en solo decir que hay que hacer y no como hay que hacer lo que recomendamos. Solo damos las ideas y no llegamos a determinar los escritos (proyectos de leyes o de obras concretas) ni los cálculos de las inversiones necesarias, para determinar si lo que se espera se puede lograr y cuales serían los costos sociales, económicos o políticos.
Es importante trazar metas para desarrollar el país, mejorar la infraestructura, reducir la pobreza y formar mejores ciudadanos, pero todos debemos estar concientes que esas no deben cambiar –sin una justificación- cada vez que hay cambios de gobierno. Particularmente creo que hacernos una visión de país, es fácil y dar por cierto lo que no es, es mucho más fácil. Pero el país será mejor dentro de veinte o más años, si cambiamos las cosas malas del presente, y no, si solo soñamos en como verlo a futuro sin hacer nada por los cambios que se necesitan hoy. ■
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