Finalizaron las vacaciones de semana santa, ahora nos queda analizar si los argumentos planteados para haber aprobado el feriado en las condiciones en que se dio fueron válidos. Si en lo particular no estuve de acuerdo con el largo feriado de semana santa –por las razones que expuse en un artículo anterior, y que podrían ser válidas aún para los próximos años- veo oportuno comentar sobre los resultados y tal vez medianamente reconocer que no todo es extremadamente conveniente o no.
Sacando mis conclusiones, diría que el mundo no se terminó habiendo usando la Semana Santa para propósitos de comercio, al justificar el fomento al turismo interno y la promoción de la Industria Turística no religiosa por eso de los concursos de cueros en las playas, los actos de propaganda política promoviendo candidatos presidenciales, las ofertas para el consumo de bebidas no gaseosas, en fin hasta convertir las tradiciones en espacios para figurar como los mejores para buscar en cómo romper record elaborado mantas de aserrín en las calles para las procesiones.
Los creyentes religiosos dicen que el Señor Supremo estuvo presente –espiritualmente- en todos lados, porque protegió a sus veraneantes hijos (que aún sin ser muy devotos, siguen siendo sus hijos) y porque divinamente contribuyó a reducir las muertes, los robos, los asaltos y los saqueos.
Las autoridades por su lado manifestaron el éxito de sus campañas –con su presencia humana- logrando protegerle a los viajeros, su vida en las carreteras y sus bienes en sus casas temporalmente deshabitadas. Y que en lo estadístico la situación mejoró con relación al año pasado y a los anteriores.
Los veraneantes retornaron a sus hogares, y como siempre en las tertulias de oficinas o viviendas se escuchan las quejas de la voracidad manifiesta en los vendedores de servicios. Hospedaje y comidas caras – a veces de baja calidad y cantidad- con precios que iban más allá de los cobrados en otras temporadas, lo que dañó a futuro el objetivo principal de “hacer turismo interno”.
Para que en los próximos años y en esos días cercanos al asueto religioso, no se gaste tiempo, tinta o espacios de debate en abordar el tema, ni se distorsione el verdadero propósito de las autoridades del Gobierno, desde ahora alguien debería proponer que se convierta en una ley ese feriado de toda la Semana Santa. Así, todos aquellos a los que les gusto lo del feriado largo, tendrán tiempo de alistarse, ahorrar desde ya sus billetes, hacer sus planes de gira y estimar el presupuesto a gastar.
Para finalizar, creo que tuvimos suerte de que no se celebraran los actos de los feriados que se trajeron de Octubre; nos ahorramos ese gasto y la población no vivió el dilema entre sí ir a ver los desfiles o las procesiones. ■
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