martes, 7 de diciembre de 2010

LAS CARCELES Y LOS ENCARCELADOS

Los sucedido en un recién pasado en uno de los centros de reclusión del país debe hacernos reflexionar seriamente sobre los problemas en las cárceles y el comportamientos de los reclusos, y no sólo reflexionar, porque las reflexiones no van más allá del discutir el asunto, estudiar el fenómeno, considerar sus posibles orígenes y verter  opiniones que siempre llevan –y solo llevan- al punto de aceptar el problema, calificarlo como algo normal y previsible, y hasta que hay que convivir con él dado que su solución o es muy onerosa o es imposible.
Porqué hasta que se dan hechos lamentables se ordena o decide investigar los factores o aspectos que son determinantes para mantener una vigilancia y un control de las condiciones de vida de los reclusos. A estos –con o sin condena- se les han restringido ciertas garantías ciudadanas y privado de su libertad, pero no han perdido otros derechos que debemos respetarle a todo ser humano, como lo son: el derecho a coexistir en un ambiente regenerador con asistencia sicológica y espiritual, a estar debidamente clasificado y resguardado en un local según la naturaleza de su delito y sobre todo a no vivir en un deshumanizado hacinamiento.
Si la mayoría de los ciudadanos libres que vivimos entre verjas, balcones, serpentinas y todos aquellos obstáculos que inventamos para auto asegurarnos –viviendo casi encarcelados en nuestro domicilio- hemos llegado a sentir la opresión de estar encerrados, imaginémonos la vida, el sentir y el resentimiento que han de vivir los que se encuentran en las cárceles por las condiciones infrahumanas a las cuales les hemos condenado.
No es momento para investigar el origen o las causas que tiene a tantas personas en los centros penales –estas son muchas y a veces producto de la misma sociedad que hemos forjado- es el momento justo y apropiado para mejorar las condiciones de vida y seguridad de los mismos centros de reclusión y de revisar los programas (si existen) sobre la convivencia y rehabilitación carcelaria.
Con lo sucedido, vemos que no solo los ciudadanos libres necesitamos seguridad, sino también los que están encarcelados. No es aceptable que mantengamos a reos jóvenes con  reos mayores, delincuentes de delitos comunes con delincuentes de delitos mayores, o a inculpados de asociación ilícita con otros a los cuales no les gustan esas asociaciones, en fin mantener en las cárceles una mezcla de personas cuyos orígenes culturales y económicos son tan diversos como sus rosarios de delitos. Sin olvidar, claro está, que allí han llegado personas que son inocentes que han caído presas por las circunstancias de la vida o de la mala suerte.
Lo sucedido debe servir para que nuestra sociedad demuestre el respeto por los derechos humanos, aún con aquellos que no son humanos derechos. ■

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