martes, 7 de diciembre de 2010

LOS EMPLEADOS PÚBLICOS DEL FUTBOL

Al decir que el fútbol es la pasión deportiva de los hondureños, se provoca que las autoridades gubernamentales no dirijan sus ojos y políticas hacia los demás deportes que aquí se conocen y se practican.  El fútbol se ha apoyado por eso de que es nuestro deporte de preferencia, porque creemos ser buenos a nivel del área, porque queremos codearnos con los mejores del planeta y sus alrededores, y se ha elevado a nivel “profesional” la competencia interna, solo  porque ahora, aquí como en otros países quienes practican el fútbol son asalariados.
Quienes viven, se dedican o invierten en esta actividad lo hacen por beneficiarse económicamente, buscan lucro personal, familiar o empresarial, convirtiendo una actividad deportiva en una actividad productiva de carácter privado -aunque a nivel superior se le llame nacional, por lo de la selección- y más que eso, en una actividad que da oportunidades de viajar, superarse materialmente y hasta para politiquear.
Eso no es del todo malo si se hace con recursos propios y sin poner en juego la imagen de nuestra sociedad y el nombre del país. Pero, cuando sucede, lo que se dice que pasó no hace mucho en Martinica, debe preocuparnos y poner las cosas en su lugar. Para empezar, los deportistas (no digo, jugadores,  porque estos son los que se las juegan de todo, a todo y contra todo, incluida la ética) que fueron seleccionados por el entrenador o impuestos por los inversionistas del fútbol, deben saber que al ser convocados y negociar un contrato para representar el país, se convierten en empleados públicos y que deben cumplir con las normas y reglamentos que regulan su incorporación a la representación nacional. Por otro lado, las autoridades que administran los recursos que el gobierno, mejor dicho que el pueblo gasta en la representación nacional, deben establecer condiciones contractuales claras y en base a la política general de sueldos y salarios que el gobierno ha definido laboralmente.
Qué es eso de premios, acaso no es de por sí, un premio viajar a costillas del presupuesto nacional o cuando menos un honor servir deportivamente a la patria. ¿Qué pasaría si los demás empleados del gobierno, basaran su labor y obligación de servir al país según los premios solicitados? Quienes se dedican a jugar fútbol, no solo por hacerlo se convierten en profesionales, en esta actividad lo profesional es o debe ser la forma de organización, y si las instancias administrativas no se profesionalizan,  seguiremos viendo y conociendo de casos antipatrióticos y de baja catadura moral. Seleccionados recuerden, son servidores públicos, nadie es imprescindible o tal vez sí, pero solo para aquellos que tramitan cartas de venta de jugadores y ven en el fútbol una actividad lucrativa, más que una deportiva. ■

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