martes, 7 de diciembre de 2010

GIRAS DE CAMPO

Para evaluar los avances o resultados de los pequeños proyectos implementados en y para las comunidades rurales, y principalmente cuando se debe consultar a sus ejecutores directos o beneficiarios, se implementan diferentes estrategias para su abordaje y una de ellas es realizar las llamadas giras o visitas de campo institucionales o interinstitucionales.
En estas giras de campo participan: los técnicos de los proyectos de Desarrollo Rural y los de las empresas contratadas para atender los grupos y comunidades, los beneficiarios en sus comunidades y los funcionarios o empleados visitantes de las oficinas centrales de los Ministerios respectivos y/o de los organismos de Cooperación o Financiamiento.

La actividad se torna más que interesante; los técnicos programan a los beneficiarios para que estén listos y bien organizados para recibir la comitiva de inspección o evaluación -a veces hasta les preparan el libreto de su participación- y después los mismos técnicos definen las rutas y los “mejores” grupos o comunidades a visitar. Por lo general los beneficiarios se pulen en acondicionar el lugar y local a visitar y casi siempre están preparados para recibir con alimentos y/o con productos de sus cosechas a los distinguidos visitantes. Estoy seguro que lo hacen de buena voluntad, pero eso les ocasiona gastos y a veces, ni siquiera para ellos mismos o para sus hijos, montan un acto de esa naturaleza.

Cuando se da el caso que los visitantes piden elegir al azar los grupos o comunidades –lo que no siempre es bien visto- los anfitriones de los proyectos por lo general dan explicaciones que tratan de beneficiar a la visita –a estos los ven como oficinistas- diciendo que una ruta así trazada puede ser muy cansada, que las comunidades son muy remotas, que el tiempo a invertir sería mucho o que los caminos o accesos son difíciles.
A veces a la gira se llevan muchos vehículos y/o participan muchas personas –sumando aquellas que no son determinantes o influyentes sobre los propósitos- y se dan casos en que la comisión, en cantidad, es mayor que el número de personas a visitar.

Por su parte los Directores de los proyectos se preparan para terminar la gira con la acostumbrada –o casi obligatoria- barbacoa, cena, almuerzo o refrigerio, según sea la hora o el gasto que el flamante anfitrión se atreva efectuar de los fondos que maneja.

Por todo lo anterior y aun si los resultados de las giras son excelentes, en términos de encontrar cumplimiento de objetivos, impactos, cambios, desarrollo y lecciones aprendidas, debemos recordar que los beneficiarios no están obligados a gastar sus pocos recursos en las visitas y que sería interesante proponer que esos renglones de gastos, si son pagados con el presupuesto de los programas o proyectos, sean eliminados por austeridad, y porque a los visitantes, por lo general, ya en sus oficinas se les han pagado sus respectivos viáticos. ■

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